"SOBRE LA DRAMATURGIA DEL YO"
Capítulo primero de la Antropología del Espacio Teatral
de Renzo Casali

 

El análisis psicológico ha perdido,
para mí, todo interés desde el día
en que me he dado cuenta de que
el hombre experimenta lo que imagina
experimentar: por esto se cree que el hombre imagina experimentar
lo que experimenta: André Gide.

Yo trágico

Decimos: Yo no soy quien soy: no tengo suficiente información sobre mí mismo: transito mi vida sobre el plano trágico de la existencia. Así consumo una vida que tiene inconsciencia y casualidad.
Como en la tragedia griega después de la desaparición/derrota de Dionisio: la ausencia de información hace de los Personajes objetos-del-destino, títeres a la merced de fuerzas oscuras.
La tragedia nace de la ausencia de información. Sin información no me formo, no estoy en condiciones de accionar; es más son los elementos que accionan por mí: como si yo fuera un simple objeto: afuera de la dimensión dramática del Evento.

Cuando los ojos de dos personas se encuentran explota el verano. Que es una invención del Primer Contacto: los rayos del arcoiris derriten las telarañas de la caverna y bajo los dibujos del cielo aparece otra vez: la Memoria.

Yo resignado

La tragedia nace en el momento en el cual la información muere: eliminamos de la información cualquier Objeto, Evento, país o Situación: y estos eventos no habrán nunca sucedido.
Así los Personajes de la Tragedia post-dionisíaca ignoran la génesis del Conflicto del cual son víctimas: sufren los eventos como algo inevitable, pre-determinado: un destino que ya pasó.
De la misma manera el yo se resigna a lo que considera un dibujo irreversible: se deja deslumbrar por un no-sé-quien-soy-no-me-conozco. La información que tenemos de nosotros mismos (sobre nosotros mismos) es insuficiente y es justo esta condición de insuficiencia que nos hace vivir los eventos preponderantemente en el plano trágico de las relaciones: las situaciones de la realidad nos aparecen incomprensibles (incapacidad de traducir los signos), inmodificables (sentimiento de impotencia decisional) y de cualquier forma afuera de nuestra capacidad de transformación objetiva y subjetiva.
El yo es impotente: y es verdad. El Yo no se conoce a sí mismo entonces, no puede conocer la realidad: queda en la superficie, como un náufrago sobre su balsa.

Para salir de la locura, señores míos, una idea: los castillos de la razón y los caminos del corazón ni fundidos, ni divididos sino, acariciados por la misma mano puesta sobre la misma vía.

Yo respuesta

Nosotros hoy vivimos la Civilización de la Información y de la Respuesta. Si los Tiempos y los Espacios hacen del plano dramático el lugar de las relaciones, todo lo que pasa afuera de la Información sucede adentro de la dimensión trágica. Hoy vivimos la inmediatez de la Información: estamos "en" la Información excepto en un punto: lo que se refiere a nosotros mismos, a nuestra geografía personal. El Yo queda afuera de la galaxia de la Información: prisionero del plano trágico de los Eventos. Una isla lejana y desconocida.

Si queremos salvar nuestra Civilización no podemos más considerar la Ganancia y el Poder sin límites como elementos determinantes del proceso tecnológico: la evolución de la sociedad y de la personalidad tiene que tener la prioridad. No Hombre Potencia, no Hombre Ganancia, no Hombre Mecánico, sino Hombre Total. El Hombre en Persona, digamos, tiene que tener la parte de primer actor en el nuevo drama de la civilización: Lewis Mumford.

Yo paradoja

No conocerse a sí mismo: o sea ser víctimas de los Eventos: Yo como Lugar de la Desesperación (la paradoja que surge del "bastarse a sí mismo" y después no lograr realizar el sueño de un autoabastecimiento dramático del yo). Puedo vivir el yo Trágico: o como Lugar de la Desesperación o como Lugar del Misterio.

Yo otro

Estar adentro de la realidad vivida como tensión ideal (entonces dramática) significa establecer una relación con la Información: salir del plano trágico de la existencia. Pero este "salir" es posible por la presencia del otro. Otro como fuente de información de sí mismo: espejo, maestro, referencia constante de conocimiento. Otro como sujeto de búsqueda y objeto mismo de mi conocimiento: otro como destinatario: y de mis descubrimientos y de mi creatividad.

Empédocles: el Amor es aquella fuerza extraordinaria que mantiene juntos los cuatro elementos de la naturaleza: agua, aire, fuego y tierra y en la discordia: la fuerza que los separa. El reino del Amor es lo Sfero, la fase cumbre del ciclo cósmico, en la cual todos los elementos están juntos en la más completa armonía: en este lugar no hay ni sol ni tierra ni mar porque no hay otra cosa que un todo uniforme: una divinidad que disfruta de su soledad.

Yo dramático

El teatro me permite habitar el universo del trágico, vivirme como misterio, como punto de partida (y de llegada) del otro. A través de la Información que el otro tiene de mí puedo abordar al plano dramático. Por esto decimos que es sobre el plano del Misterio que se juega la eventualidad creativa: y del creer orgánico (aquí y ahora) y del creer en el plano simbólico (la conciencia del signo que, por medio del Gesto, busco comunicar al otro).

El espacio en un contenedor de arcilla: que se puede modelar, extender en infinito. Solo así se puede concebir el Espacio Dramático del teatro: como el lugar de la experiencia total del hombre.

Yo revelación

Teatro como Lugar de Revelación: el Yo se revela sólo en la confrontación dramática, gracias a la presencia especular del otro. Esto hace de mi Yo el Lugar de la Revelación (para el otro): y como otro-de-mí y como espectador-de-mi-Evento-dramático.

Hace 7000 años los "Bardi di Corte" se decían: ¿de dónde en todo caso surge la Esperanza? La Esperanza es el ancla de salvación de cada hombre. Cuando la esperanza es destruida sigue una gran pena que en verdad es casi igual a sí misma: pienso que la Esperanza sea más grande que una montaña con todos sus árboles o tal vez o Rey, es verdaderamente inconmensurable Esperanza: es muy difícil entenderla. Considerando este último atributo de la Esperanza Yo pregunto: ¿qué hay más difícil de conquistar?

Yo información

Trascender lo trágico significa conocer la realidad, tener una relación dramática con la Información, ser adentro del Evento: estar-en-el-otro y el-otro-en-mí.

Yo situación

El conocimiento del otro -condición necesaria para la dramatización de la realidad- ocurre siempre en una situación con/partida. Esto significa que el conocimiento es siempre situación. El Yo se expresa y se relaciona en una situación, viviendo las contradicciones del Evento y de la realidad. El Yo se presenta y no se representa.

Miguel de Cervantes Saavedra de Alcalà de Henares, más conocido como Don Quijote de la Mancha, Caballero de Triste Figura, fue derrotado en Lepanto en el 1571, por los corsarios turcos en 1575 y por ellos mismos sometido a esclavitud, vendido como un trapo o un damasco (ya entonces sin su mano izquierda) y derrotado otras 73 veces hasta la muerte, avenida en Madrid en 1616, y después de las excomuniones, de las detenciones y de las continuas desventuras económicas. En su vida Cervantes fue derrotado por Sancho Panza. Pero si para devolverle sentido a la vida es suficiente una gota robada al infinito, entonces digamos que Cervantes fué rescatado por Don Quijote: soñador de Números Negativos: filósofo del corazón.

Las cosas mentales que no han pasado por el sentido son inútiles, y ninguna verdad van a parir y son dañinas. Es porque tales discursos nacen de la pobreza y adolescencia: carácteres de verdadera y propia iniciación y comportamientos culturales propios de los adultos.

Yo conocimiento

La Información abre el camino al conocimiento de sí mismo, y en ese instante: o se reafirma la conciencia de una identidad superficial (sin conciencia) o se acepta vivir la crisis: el poner en crisis las falsas seguridades. Así el otro se vuelve, para mí, un verdadero y propio maestro y el personaje dramático: una fuente de revelación. A través del personaje se revela lo que en mí es oculto e inconsciente: misterioso.

Yo símbolo

El pasaje del plano trágico al dramático permite el emerger del universo simbólico; el símbolo se transforma en energía; una energía que trasciende la inmediatez de la relación entre actor y actor, entre actor y Personaje, entre actor/Personaje y Espectador. El nivel simbólico atraviesa al espectador, lo trasciende (lo traspasa), lo obliga a revelarse a sí mismo: por sí mismo. Lo rinde consciente: de sus propios limites y de sus propias posibilidades.

En los corredores de la Renuncia circula una voz con sonido casi humano: "la Lucha es cosa demasiado distinta del Amor, amor y lucha pertenecen a las dos caras de la misma medalla, signos opuestos que se anulan: uno en nombre del otro". Contesto el texto: ¡quien ésto sugiere no conoce la Lucha!

Yo memoria

Revelación equivalente a un retorno de memoria (memoria entendida como gesto incumplido, incompletud de una Acción). En este sentido el nacer de una emoción radical depende del nivel simbólico de la Relación creativa: la implicación integral de las sensaciones, de las imágenes, de las memorias, de la razón y de lo físico de la persona/actor. Sin el absoluto no existe tampoco la relatividad de un momento de abandono.

El Espacio no puede ser el lugar de la Nada porque la Nada es la privación del ser. Pero tampoco es el lugar del análisis: en el espacio dramático adviene el fenómeno de la fusión entre Mente y Sentimiento: entre razón y energía: entre necesidad y voluntad.


Yo crisis

El encuentro sucede cuando existe gratuidad en aquellos que manifiestan la voluntad de encontrarse: cuando existe la necesidad de relacionarse con los procesos de la crisis. El encuentro es posible sólo adentro de un recorrido de crisis, porque crisis significa transformación y conocimiento de sí mismo y del otro. En la crisis re-conozco al otro como algo "más grande que yo"; reconozco en la cooperación creativa (relación con el otro) algo "más grande que nosotros". Yo pertenezco al otro y ambos pertenecemos a algo más grande que nosotros dos juntos.

¡Las cuentas! ¡A repetición estas malditas cuentas! En una época tan poco cierta, en donde los mejores cerebros hacen testamento de corazón y se huye de la "razón "; en donde la Duda ha llegado a ser la Coartada de la Impotencia, una cual fuere certeza no es sólo una provocación intelectual: es un desafío a los impulsos más bellos y más jovenes de nuestra vida: "ciérrenme el ataúd que el sol esta llegando" -gritaba Drácula en los subterráneos del Palacio, mientras escapaba de la aurora, amante de los amantes-.

Yo desesperación

Decíamos que lo Trágico es el lugar de la Desesperación, es decir: la conciencia del vacío espiritual y proyectual. Ésto nos conduce a la insensibilidad y, muy a menudo, a la creatividad autodestructiva: la transformación de Mí Mismo en una Nada. La indiferencia, el cinismo, el ser táctico en las relaciones, la autodestrucción subjetiva, son algunos de los síntomas que ponen en evidencia el lugar de la Desesperación: el "no conocerme a Mí Mismo".

Yo dramaturgo

Conocernos a nosotros mismos equivale a transformarnos de sujetos trágicos en sujetos dramáticos. Conocerme a Mí Mismo quiere decir llegar a ser dramaturgo de Mí Mismo, actor y protagonista dramático de mi personal experiencia de vida: significa acceder a las coordenadas dramáticas de la Improvisa Acción: actor-del-drama y no más espectador pasivo y impotente de los Eventos.

En el espacio no existe el Vacío: no es el Lugar de la Nada sino la eventualidad simbólica que abraza un cuerpo.

Yo felicidad

La relación dramática con la realidad es presupuesta de feliz. La belleza de una vida (creativa) se la puede pretender (y conseguir) sólo a partir del conocimiento de sí (es decir del otro-de-mí). Hasta entonces seremos condenados a soportar el curso de los Eventos, a ser el lugar de la Desesperación y de lo trágico: víctimas de los Recuerdos y Traidores de Memorias.

Yo espectador

En la tragedia griega el Personaje ignora su propio destino (las raíces mismas del conflicto y, entonces, la imposibilidad de vivir la conciencia dramática de su presente), el espectador, al revés, posee toda la información del Personaje: conoce las causas del trágico destino. De la misma manera, en el teatro, el otro es mi espectador: mi oráculo.

Cuestionario: ¿Con qué países linda Paraguay? ¿Cómo se llama la capital? ¿Cuál es el nombre de su Presidente y desde cuánto tiempo ha sido electo? ¿El Paraguay pertenece al Primer Segundo Tercer Cuarto Quinto Mundo o al Infierno? Por cinco largos años el Paraguay sostuvo una dura guerra que aniquiló la población: ¿Cuándo adónde por qué con quién en contra de quién? Como Primer Premio en Juego: el Pergamino de la Falsa Conciencia y un mapa estroboscopio de la Luna. Y decir que persiguiendo la Luz fue Goethe a morir en Weimar en un día cualquiera del 1832. Cuátros años más tarde el Inspector General de Nikolaj Vasilievic Gogol nos ofrecía, en primera visión histórica, el camino que torpemente hubiera transitado.

Yo víctima

Otro también como "espectador" de mi tragedia (de mi Misterio), de mi "no conocerme a mí mismo". En este sentido el otro tiene más información de mí mismo que la que yo creía tener. Mientras el otro tiene una relación dramática conmigo, al revés, yo continúo víctima de la relación trágica conmigo mismo. Ésto hace que la presencia del otro sea para mí esencial; sin el otro no podría existir tampoco como Misterio, no existiría el Espejo. El otro es aquél que puede ayudarme a salir del universo trágico, porque es seguramente el otro que me obliga a entrar en la relación dramática: en el corazón del Evento.
Con el Evento la persona/actor llega al planeta de las infinitas asociaciones subjetivas: no existen más hipótesis de orden, correspondientes, sucesivas sino situaciones de simultaneidad de estímulos y de respuestas: la dimensión de la agresividad y de la angustia.

Yo identidad

En el Instante del Primer Contacto el otro toma la esencia de mi identidad, así yo mismo puedo tomar la esencia del otro: uno es espejo del otro. Esta es la llave del trabajo de la persona/actor: cuando acepto al otro como fuente de conocimiento y de transformación, como Maestro, referencia, esencial compañía para aquel Gesto Único de aquel Común Destino.

Yo autárquico

El teatro me demuestra que no es verdad que yo me abastezco a mí mismo, autárquico, que me soy suficiente a mí mismo, porque si ésto fuera posible, sería afuera de la creatividad: en el gris sobrevivir sin conciencia, a la merced de los Eventos: en un lugar de vida inconsciente y mecánico, repetitivo, pobre de espiritualidad y de creatividad. Si uno quiere perseguir el conocimiento, la plenitud, tiene que acceder a relacionarse con el otro, tiene que acceder a poner al otro una pregunta simple y esencial al mismo tiempo: "decime vos quién soy yo"?

Sacristanes medioscuras todosfrustrados minirealizados soñadores de cuarta cangrejos de la vida y camarones del intelecto, circundan el lecho de muerte de Demócrito de Abdera, aquel que por 110 años había predicado la búsqueda de la felicidad. Corría (muy lentamente) el año 370 antes de Cristo, cuando se le puso la histórica cuestión: "¿Qué cosa es la muerte, maestro?" - " Ved, hijos, aquella cosa es algo que me quita de todas las eventualidades". Así contestó el viejo mientras dejaba atrás de sí por siempre el Ágora y Delfos: el mar el cielo las estrellas. Delante de sí en cambio dejaba un gran vacío.

Yo cómo

El otro es aquél que me regala la llave de la creatividad y de mi personal realización: los ojos del otro, sus gestos, el "cómo" se relaciona con el espacio. Si el otro no está seremos dos en no estar.

No es posible superar el Objeto sin primero operar sobre este una transformación simbólica. No se puede huir del espacio si no transformándolo, eligiendo un espacio otro donde poder seguir la propia existencia de vida: en donde poder hacer los propios proyectos.

Yo dependencia

En la relación dramática yo dependo del otro, y dependo del otro en el mismo momento en el cual elijo (decido) abandonar el lugar del Trágico, de la Desesperación y del Misterio, para acceder al lugar del drama: la vida.

"¡Auxilio: no logro engancharme a la alegría: me disparo pum ahí!" Pausa con efecto. Luces sobre el fantasma de Hamlet, música de Stockhausen. Suenan las trompetas sobre las puntas de los pelos: llega de repente un escalofrío: "no soy más no existo no quiero ser aquí y tampoco allá entonces deduzco la intolerancia. No soportaré un futuro abandonado del Amor porque yo he eternizado en un Instante, fundida en el plomo, mi memoria. Ni siquiera me acuerdo de querer recordar que una vez recordaba. Simplemente escapo y huyo dejando detrás de mis huesos mi sombra. ¡Adiós cavernas de luces metáforas de la inteligencia! Adiós bosque de abedules tan querido por el tío Vania: me voy antes de que arriesgue llegar me levanto en el descanso me mato para impedir al Protagonista de matarme detrás de las bambalinas como si fuera un banal Polonio!"

Yo pertenencia

La dependencia del otro nos remite a una segunda cuestión, todavía más importante: el Pertenecer. Si es verdad que yo no me conozco a mí mismo, entonces pertenecer a mí mismo significa pertenecer a Nada. En el pertenecer a sí mismo se arriesga, no sólo la soledad existencial, sino tambien el no poder salir más de los laberintos del vacío y de la oscuridad.

Yo más

Si no puedo pretender pertenecer a mí mismo, no puedo tampoco pretender crear yo solo, bastarme. El teatro es un hecho colectivo: como la vida. Pertenecer al otro significa poder ser; pertenecer a algo más grande que yo y, juntos, pertenecer al teatro que, a su vez, pertenece a algo todavía más grande. Como un juego de cajas chinas: el teatro nos lleva hacia el infinito: en la búsqueda de un sentido absoluto.

El espacio crea otros "espacios": la presencia activa o pasiva de personas y objetos en el espacio, hace que se multipliquen geométricamente las eventualidades del Conflicto: de relaciones y de significados.

Yo descubrimiento

Yo me descubro en el otro. El otro se descubre en mí, pero la suma no es más aritmética sino geométrica: de a dos producimos un tercer dramático, algo que es más grande que la singular suma de los componentes.

Existe un derecho por el cual le sacamos la vida a un hombre, pero no uno por el cual le sacamos la muerte: ésto es pura crueldad: Nietzsche.

Yo humildad

Sólo la humildad, que es una conquista cultural, puede permitirse la elección y la aceptación del otro como Maestro, oráculo, pertenencia. Sólo en el Instante de humildad podemos decir que nos relacionamos con lo sagrado.

Yo pregunta

Una relación creativa nace en el Instante en el cual hacemos una Pregunta. Obviamente habrán Respuestas: pero sólo cuando la última pregunta no tenga su Respuesta entonces (y sólo entonces) podremos afirmar que está sucediendo un hecho creativo, una emoción.
En la no-respuesta esta le Revelación. El arte de la verdad nace cuando la persona no logra más contestar a la pregunta: cuando la Respuesta es remplazada por la emoción de una sucesiva Pregunta. Sucede entonces que la persona se revela en su Misterio.

El espacio despedaza y multiplica: no canaliza ni dirige ninguno a ninguna parte. Por ésto la estructura del espacio dramático (teatral) equivale a aquella del Círculo: ningún punto del espacio es igual a otro: ninguna asociación es igual a la asociación de otro.

Yo ser

Nosotros no estamos viviendo la Civilización de la pregunta, sino aquella un poco distinta de la Respuesta. Y es por ésto que sólo el teatro (y el Arte) pueden devolver a la persona la dimensión y el espesor propios de un ser humano.