Llegando
Con manos y colores se eleva un tanto torcida la casita de tierra...
Hacia el sur, una pared de cuatro por tres mira con ojos de pasado: TIERRA Y LIBERTAD, sueño de cinco, de uno, de miles que pretenden, como yo, un mundo mejor para vivir...

Un 12 de agosto del 2002, se enbarcan cinco jóvenes rumbo a la aventura de soñar, construyendo, una escuela de auto-abastecimiento.
Movidos por el hambre, la angustia y la infelicidad que reina en el mundo y en Glew, que es su pequeño mundo tangible, no miden en tiempo ni esfuerzo y a tan sólo 15 días de haber conocido la aldea, ya estaban ahí, planeando economia, aprendiendo la huerta, ordeñando, haciendo dulces, y conviviendo. Mirándose a las caras, jóvenes, la cabeza moviéndose más rápido que el cuerpo.

Sucede que las tres hectarias cedidas por Willaldea para realizar el proyecto les quedan grandes, al mes son cuatro, luego dos, luego ninguno...

Regreso del sur. Una desición. Willaldea es el lugar de los sueños, donde los sueños son posibles, donde se puede soñar.
No sin lágrimas en los ojos, doy vuelta la página.

¿Un juego?, ¿habitar el espacio?, ¿seguir construyendo, ¿solo?.
Mantengo encendida la llama, la protejo del viento y la lluvia, la habito.

Hoy, hace más de un año, estando como aldeano, no dejo de mirar al campo sin vernos ahí, tan... nosotros.